Lunes #96 - Cada día vale lo que ud quiera.

Yo comencé a amar los lunes más por principio que por un sentimiento natural e inesperado. Quería cambiar mi vida y tuve que aprender a sacarle el jugo a cada momento - recuperar tiempo perdido, que llaman. Cuando comencé a hacer eso me comencé a dar cuenta que esa afinidad que tenía por los fines de semana era un error de concepto. 

El error de concepto es este: como los sábados hay fiestas parece que son el mejor día de la semana. Los lunes son el primer día laboral de la semana y un recuerdo que faltan 5 días para el sánado, entonces parece que son horribles. 

Pero no, no es así. Cada día es lo que lo hacemos. Nosotros mismos le asignamos el valor que queremos a cada día. El día en sí no tiene poder sobre nosotros.

Los viernes.

¡Qué buenos los viernes! Todos los compas andan con ganas, todo el mundo hace planes: ¡llegó el finde! Mis viernes empezaban a las 8am pero realmente era como a las 2pm que se ponía bonito. Todo el mundo hacía todo lo posible por salirse temprano del brete, decirle a las novias que iban a salir y darse el lujo de ir por unas bocas y birras a “desestresarse”. Claro, a veces había que quedarse hasta la madrugada y había que esquivar llamadas de los papás o medias naranjas, porque de ellos también había que desestresarse.

Los sábados.

¡Qué épicos los sábados! Mis sábados comenzaban con la goma (resaca) generada el viernes, pero con la ilusión de que a las 10am había partido de futbol. Alguien llevaba una hielera y unas birras para hidratación post partido, seguido de almuerzo y birras, seguido de tarde de piscina, birras y planeamiento de las birras de la noche y después una noche de birras. A veces - muchas veces - una madrugada de birras.

Los domingos.

Bue…no tan épicos los domingos. Mis domingos comenzaban a las 11am, de goma acumulada y cansado. En mi familia todos los domingos son los días de familia, para pasarla juntos, pero de goma no es tan chiva. Lo bueno es que igual no hay que “hacer” nada entonces lo rico era pedir comida cerda y ver películas. Algunos de mis amigos iban a sacarse la goma. Yo nunca pude. A las 5 o 6pm se comienza a sentir una ansiedad terrible. Es que mañana ya es lunes y odio los lunes.

Estos son los días que todo el mundo ama. Los sagrados fines de semana. Son los días para dormir hasta tarde, son los días para ver compas, para pegarse la fiesta, para ligar, para irse de paseo, para no pensar en el brete. Por eso los amamos y por eso los esperamos con esas ganas fervientes.

Pero, ¿de verdad son tan buenos? Yo me escapa del trabajo temprano los viernes porque no sentía compromiso, no tenía nada por qué realmente trabajar. Yo esquivaba mensajes de mis papás y novias porque necesitaba estar alejado un rato de ellos. Yo llenaba todo el sábado de birras porque, ¿qué más iba a hacer? Yo pasaba todo el domingo cansado y hecho leña, tirado en la cama viendo tele porque, ¿qué más se puede hacer estando de goma? 

Mi recuerdo de esos días no es tan bueno. Me sentía pésimo. No estaba saludable. Mis relaciones con la gente no eran fuertes y genuinas, eran de fiesta (obvio no todas). No pasaba tiempo de calidad con mi familia. No tenía un trabajo con propósito, no tenía rumbo.

Obviamente esa es mi historia. Algunos de ustedes aman los findes y sí tienen un trabajo épico, un propósito, salud y buenas relaciones. Qué dicha, pero lo importante es entender que muchas de las cosas que creemos que son épicas, no lo son tanto, que no nos hacen tan felices. Que tal vez esperamos el fin de semana con ansias para poder escaparnos de algo. Para no tener que pensar en lo que nos hace infelices los otros 5 días de la semana.

Los lunes.

Los lunes se convirtieron en mi misión. Cada lunes era una oportunidad de cambiar el rumbo que llevaba. Cada lunes era una semana nueva, una semana para probar cosas nuevas, para ponerme metas, para ser mejor. Los lunes eran días en los que podía rescatar lo que sí me hacía crecer los fines de semana: relaciones y amistades épicas, ejercicio, un poco de ocio. Pero compartirlo con las cosas que quería cambiar: un trabajo con propósito, ayudar a otros, crecer.

Convierta sus lunes en algo que ama llenándolo de las cosas que lo hacen feliz. No se espere al viernes para almorzar con sus amigos y amigas. No se espere al sábado para hacer ejercicio. No se espere a miércoles o jueves para sentirse motivado para trabajar. Acomódelo todo dentro del lunes. De experiencia propia les digo que cuando uno arma los días de esta manera, la diferencia entre lunes y sábado se deja de sentir porque todos los días son épico y todos los días hay compañía, propósito y trabajo duro.

Cada día es lo que lo hacemos. Puede ser épico realmente y puede ser uno en que crecemos y además nos divertimos. O puede ser superficialmente épico pero con valor nulo (hola, sábado).

Haga que sus lunes sean épicos, me parece ridículo desperdiciar un día solo porque hace años decidieron que el lunes era el día que se acaba el “fin de semana”.

¡Qué tengan un lunes épico! - Juan 👊💥

Juan Muñoz